¿Más regiones o mayor soberanía de las comunidades regionales?

Concepción, 19 de Agosto de 2017

Hoy, de un plumazo y sin consulta democrática alguna la región del Bio Bio pierde una buena parte de su superficie, población y producto. Es cierto que el mapa interior de Chile es arbitrario en muchas partes, y que el anhelo de los habitantes de Ñuble y otras zonas por alcanzar mayores niveles de autonomía y reconocimiento es muy legítimo: el problema es que los poderosos rehacen el mapa de los territorios a su antojo sin que ello implique realmente mayor descentralización, devolución de competencias a niveles subnacionales, o recuperación de soberanía por parte de las comunidades y territorios. No se avanza en democratizar los gobiernos regionales ni en dotarlos de real poder de gobernar el territorio. Ni una palabra se menciona en todo esto sobre las demandas por mayor soberanía de pueblos y comunidades a lo largo del sur de Chile, ni menos sobre las reivindicaciones de auto-gobierno de la nación mapuche.

No es posible obviar aquí la responsabilidad de quienes idearon y han implementado -centralizadamente- este modelo de regionalización neoliberal que fragmenta los territorios existentes en unidades cada vez más pequeñas, irrelevantes y burocratizadas, que pasan a competir con menor fuerza y menor masa crítica por las migajas y prebendas que las redes de poder burocrático, económico y comunicacional les puedan asignar. Y mientras las regiones son más pequeñas, los territorios del extractivismo concentrados en extensas propiedades, grandes derechos de agua, y enormes concesiones mineras y marítimas son cada vez mayores.

Hay que reconocer que una parte de la responsabilidad recae en los liderazgos políticos regionales existentes, que centrados en mantener sus intereses específicos -ya sea negocios o clientelas políticas- han sido incapaces de anteponer alguna resistencia a esta tendencia y han dejado que la iniciativa la tome La Moneda o los gremios empresariales. Todos los que por un mínimo de decencia debieron haberse opuesto ahora miran para el lado, comenzando por el delegado del poder central que tanto dice representarnos. También entre nosotras y nosotros, los que queremos otro modelo, otra manera de vivir en sociedad, se han desatendido muchas veces los temas de descentralización, soberanía de los territorios, control local de recursos naturales y defensa de ecosistemas, a favor de temas sectoriales, estructurales o nacionales que se plantean cómo los verdaderamente importantes. Pero esa dicotomía es falsa: para construir una economía solidaria y colaborativa, desarrollar modos de vida más ecológicos y auto-suficientes, desarrollar formas creativas y participativas de gestión de lo público, promover prioridades regionales en ciencia y tecnología, y fortalecer una cultura e identidad propia que no sea ahogada por la globalización, se requiere también territorios con mayor poder, y no sólo posiciones en el tablero de poder central.

Cuestionar el poco legítimo contrato social existente entre “ciudadanos” y Estado es sólo una de las tantas dimensiones que demanda una democratización efectiva; también se requiere un nuevo balance de poder entre territorios regionales, entre identidades culturales y naciones, y poner límites a la concentración de la renta por la explotación de los recursos naturales y el trabajo (y a la explotación misma en todo caso). Es hora ya de abrir paso a nuevos enfoques y liderazgos regionales, que asentados en la ciudadanía y movimiento sociales privilegien articular un nuevo proyecto de autonomía regional, más democratizador, justo y ecológico.

Martin Sanzana Calvet

Director Instituto de Estudios Estratégicos para el Desarrollo Humano

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